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Jovenes El Salvador del Mundo

Firmes en la Tentacion
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Manteniéndonos Firmes ante la Tentación

 

Como cristianos que aspiramos tener una vida consagrada a Dios y cumplir con su voluntad, tenemos que estar alertas de cómo funciona la tentación en nuestras vidas, y darnos cuenta, que nosotros somos más fuertes que ella. Me pareció interesante la lectura de  Génesis 4:7 que dice: Si hicieras lo bueno, podrías levantar la cara, pero como no lo haces el pecado está esperando el momento para dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él. Estas palabras fueron dichas por Dios a Caín, quien estaba muy enojado porque Dios no había visto con agrado el sacrificio que le había hecho. Sin embargo, Dios sí había visto el de su hermano Abel, quien le había ofrecido lo mejor de sus ovejas.

Dios mismo le pregunta ¿Por qué te enojas? Y le dice que el pecado está a su puerta, esperando el momento de dominarlo, pero le da esperanzas y le dice, pero TÚ PUEDES DOMINARLO A ÉL. Al parecer, Caín no tomó muy en serio o no le dio mucha importancia a lo que Dios le dijo, ya que cuenta más adelante, que Caín invitó a su hermano a dar un paseo y allí lo mató. Si nos fijamos, Caín no lo hizo inmediatamente. Yo me imagino que Caín se quedó maquinando en su mente todo, preparó un plan de cómo se iba a vengar. 

 

Fijémonos que el pecado está a la espera. El verbo Esperando, sugiere  que es una acción prolongada, allí está, atento En la Biblia Jerusalén, dice que el pecado está a la puerta ¿Está adentro? NO!!! Por lo tanto es simplemente TENTACIÓN. ¿Cuál era el pecado que tocaba la puerta de Caín? Probablemente la envidia causada por su hermano. Hasta el momento él no había pecado, simplemente estaba enojado. Era sencillamente la invitación al pecado. Caín hubiera podido decir NO y decir: Señor, es cierto, me enojé, perdóname, y no voy a permitir que el pecado me domine! Mejor me voy a ir por este camino pero él escogió la vía del pecado. Se hizo el sordo. Cayó en la tentación y pecó: mató a su hermano.

La cita nos afirma que nosotros podemos dominar esa invitación al pecado. Por lo tanto nosotros somos más fuertes que ella. A veces se nos olvida porque decimos soy bien débil, pero Dios mismo te dice Tú puedes. Y es que ninguna fuerza interna o externa puede obligar al hombre a pecar!

 

Ahora bien, es importante que definamos qué es la tentación y establecer la diferencia entre tentación y prueba. La prueba es vista como un don de gracia. En donde Dios pone a prueba nuestros corazones y así conocer las realidades profundas de nuestro corazón y para darnos la corona de vida.  Sin embargo, la tentación es una invitación al pecado, aprovechando una ocasión específica, en donde el tentador puede ser Satanás, el mundo o la carne (nuestros tres enemigos). La tentación NO es pecado, si no se acepta, es simplemente la invitación a pecar; una seducción, la ocasión para hacer lo correcto o lo incorrecto. Te lleva a una elección. Caín tuvo la oportunidad de elegir entre matar o no a su hermano. Nadie lo obligó.

Tenemos que tener claro que Dios no es quien tienta al hombre (ver Santiago 1:13). Y en Eclesiástico podemos ver que Dios no es quien hace pecar porque el no hace lo que detesta.

¿Entonces, de dónde viene la tentación? Caín no fue tentado por nadie más que por él mismo. Su enojo lo llevó a cometer un asesinato. Es decir que la tentación vino de adentro. En Santiago 1:14-15, Dios en su Palabra nos dice: Al contrario, uno es tentado por sus propios malos deseos, que lo atraen y lo seducen. De estos malos deseos nace el pecado; y del pecado, cuando llega a su completo desarrollo, nace la muerte

 

Es interesante que nos detengamos a pensar cómo operó la tentación en Caín:

 

Primero, había un deseo, que podría llamarse una sed de venganza por la envidia que sentía por su hermano. Podía pensar algo como Qué barbaridad! Dios miró el sacrificio de mi hermano mejor que el mío! Además, no tomó en serio lo que Dios le dijo. A parecer, no le importó o dudó que en realidad pudiera dominarlo. Luego, se vio engañado por el pecado. Probablemente pensó que se saldría con la suya. Y por último, desobedece, peca matando a su hermano.

 

De la misma manera que operó la tentación en Caín, ésta sigue operando en nuestras vidas. Satanás usa siempre la misma estrategia. La tentación opera en cuatro pasos:

 

  1. Satanás identifica un deseo dentro de ti, ya sea pecaminoso o un deseo  normal, como el sentirse amado o sentir placer. La tentación empieza cuando te sugiere con un pensamiento que cedas a un deseo malo. A veces hasta te susurra: ¡Te lo mereces! Hacelo ahora! Te vas a sentir mejor! Si nosotros no tuviéramos el deseo, no nos atrajera. La tentación comienza adentro. Empieza en tu menteMc 7:21 Porque de adentro, es decir, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos

 

  1. Luego viene la duda. Nuestra mente comienza a dudar sobre lo que Dios ha dicho, engaña el entendimiento y nos ponemos a pensar:
    1. ¿Será realmente malo?
    2. ¿Será que Dios realmente dijo que no lo hiciera?
    3. ¡Yo creo que Dios se lo prohibió a otra persona, pero a mí no!
    4. Bueno, ¿Acaso Dios no quiere que yo sea feliz?

 

  1. El siguiente paso es el Engaño. Satanás es incapaz de decir la verdad y si la dice, la dice a medias para que creamos en él: Te saldrás con la tuya... Nadie lo sabrá... Todos lo hacen es un pecado pequeño Claro, se aprovecha para inducir al hombre al orgullo y confianza en sí mismo.

 

  1. Por último, terminamos comportándonos como estuvimos maquinando en nuestra mente y por lo tanto desobedecemos.

 

Pongámonos entonces a pensar  ¿Qué es lo que nos tienta a nosotros? Veamos qué dice 1 Juan 2:16. Según ese pasaje, somos tentados en tres áreas: en los malos deseos de la naturaleza humana, en el deseo de poseer lo que agrada a los ojos y el orgullo de las riquezas. Veamos el primero:

 

  1. Los malos deseos de la naturaleza humana:

 

    • Alcohol: primero comienza un deseo por tomar. Comienzas a maquinar en tu mente con quiénes saldrás, adónde irás y comienza a darte más ganas. Luego tratas de dudar sobre lo que Dios ha dicho: Dios dijo que no se emborrachen, pero yo no estoy haciendo nada malo, o decimos Hasta en la Biblia dice que el vino alegra el corazón, y comenzamos a justificar todos nuestros planes hasta que llega el momento y nos emborrachamos.
    • Mentira: primero comienza un deseo por ejemplo, de salir con nuestros amigos, pero sabemos que nuestros padres no nos darán permiso. Por lo tanto, comenzamos a maquinar en la mente sobre qué vamos a decir y justificamos que esa mentira es válida. Decimos quién se va a dar cuenta o si no voy a hacer nada malo, ¡qué es una mentirita blanca! y después de tantas frases que nos convencen, hemos sido atrapados por las garras de la mentira.

 

    • Pereza: Probablemente para ti lo que te tienta es la pereza. Puede ser que tengas el deseo natural de descansar, pero ha llegado el momento de levantarte pero comienzan frases a sonar en tu cabeza como: Te merecés descansar! Has estudiado un montón!, Dios no se va a enojar por un día que no te levantés a orar, Quién se va a dar cuenta?... nadie, y te ves seducido por esos pensamientos y dejar de hacer lo que tenías que hacer y que era tu responsabilidad.

 

    • Venganza: puede ser que te identifiques con Caín y tú tengas sed de venganza. Alguien te hizo algo malo y nace de ti el deseo de cobrarlas. Puedes verte enredado en pensamientos como: No es justo lo que te hicieron! Tenés derecho a cobrar caro!, Estoy seguro que si fulanito hubiera pasado por eso me diera la razón, Dios es un Dios justo, así que a mí me toca hacer justicia. Y nos encontramos engañados por esos pensamientos y lógicamente, caemos y nos vengamos.

 

    • Impaciencia: quizás la tentación se disfraza en tu vida a través de la impaciencia. Estás en una cola del banco o del súper, y el deseo de apurarte comienza a decirte Tengo mil horas de estar esperando!, Qué gente más ineficiente, y esos pensamientos hacen que nos desesperemos y caigamos posiblemente en palabras ofensivas.

 

Y así podemos ponerle nombre a otras tentaciones. Sin embargo, si vences la tentación, ésta puede producir exactamente la cualidad contraria y ser una oportunidad de crecimiento. Por ejemplo, la paciencia se desarrolla cuando estamos tentados a enfadarnos o explotar. La paz se manifiesta cuando estamos tentados a desesperarnos por las circunstancias.  No puedes decir que eres fiel, si nunca has tenido la oportunidad de ser infiel.

 

 

  1. El deseo de poseer lo que agrada a los ojos

 

  • Carro: comenzamos con un pensamiento quizás normal y legítimo y pensamos: Necesito un carro no puedo seguir dependiendo de mis papás que me lleven y me traigan. Y comenzamos a llenar la mente de justificaciones como, y no trabajo pues!, en fin, me lo merezco, no es pecado comprarse un carro. Pero eres tentado por poseer lo que te agrada y no te das cuenta que al adquirirlo te endeudas y no puedes pagar el precio. Te conviertes en esclavo.

 

  • Estudios: Puede ser que la tentación opere en tu vida a través de tu superación profesional. Te tienta la posición y por lo tanto justificarás diciendo: Me tengo que superar! Qué tiene de malo? En fin, Dios quiere que tenga éxito en todo, Hoy el mercado está tan exigente que hay que estudiar más y más, y no es que el estudio tenga algo de malo! No es así, pero si nos vemos sumergidos en la necesidad de encontrar nuestra identidad en los estudios, lo muy probable es que se conviertan en tu prioridad y Dios quede a un lado, y ya no sea tu prioridad.

 

 

  1. El orgullo de las riquezas

 

  • Dinero: muchas veces somos tentados por la ambición de poseer más y más. Y creemos que tenemos derecho a exigir que nos den una buena mesada o a aspirar puestos de gerente, cuando en realidad, apenas hemos comenzado a trabajar. Sin embargo, el orgullo de las riquezas, siempre te va a tentar haciéndote pensar que tú mereces tener una vida buena, y vas a justificar diciendo:  Es que no doy la vuelta, Y no Dios me dice que voy a tener una vida en abundancia pues!, y esa ambición de puede llevar a robar.

También podemos aspirar a trabajos en donde la paga sea muy buena, y estés tentado a aceptarlo. Puede ser que lo justifiques diciendo: Tengo que ayudar a mis padres, Además Dios dice que el que no trabaja que no coma. Pero OJO, eso puede ser una tentación, que sí caes, puede traer sus consecuencias como alejarte de Dios, porque ya no tendrás tiempo de nada más que de trabajar. Eso sí, trabajar no tiene NADA de malo, simplemente ten cuidado que no sea algo que te llame la atención porque sea un medio de ceder al deseo de enorgullecerte en las riquezas.

 

Aún cuando Dios le dijo a Caín que podía dominar el pecado, Caín se hizo el sordo y se dejó llevar por sus deseos. No quiso darle importancia a la voz de Dios. ¿Y tú?, ¿Te haces también el sordo? ¿Encuentras más importante satisfacer tus deseos que agradar a Dios?

 

Realmente, tenemos que estar concientes de que la tentación no deja de existir, y que debemos identificar lo que nos tienta a nosotros. Para unos será una gran tentación el alcohol y para otros la pornografía, para otros la gula, y para otros las mentiras.

 

La pregunta del millón entonces es  ¿Cómo derrotar la tentación? La respuesta está en Gálatas 4: 7 Sométanse a Dios y Resistid al Diablo y este huirá. Me debo Someter y luego resistir, no al revés. Eso significa que tengo que rendir autoridad y voluntad, entregar mi vida y control a Dios. Luego puedo resistir al diablo: el cristiano se compara con un soldado a la batalla. Un soldado no negocia.  Actúa.  No permitas que Satanás te seduzca. 

 

Muchas veces Satanás nos hace creer que nuestra tentación es demasiado grande y que lo que nos tienta a nadie más le tienta. Sin embargo, es importante que haya alguien a quien tú le puedas abrir tu corazón y que esta persona sepa que te hace pecar.  Pero pensemos que si pudiéramos solucionarlo solos, ya lo hubiéramos hecho.

 

 

¿Ya identificaste lo que te tienta a ti? ¿Estás conciente que el pecado espera el momento para dominarte? ¿Estás conciente de que Tú eres más fuerte que él? ¿Te vas a hacer el sordo como Caín o vas a creerle a Dios?

Realmente, no podemos escapar al hecho de ser tentados pero sí nos podemos liberar de caer en sus trampas. Tenemos que identificar aquellas tentaciones a las cuales somos más débiles para poder resistirlas. Dios mismo nos da la salida, podemos dominarla y nos da la esperanza que sometidos a él, el diablo huirá. Ya no hay excusas válidas para pecar, y si pecas, ya no lo harás con gusto. ¿Qué gano? Bendición, porque he obedecido a Dios en lo que a él le agrada. ÁNIMO!

 

 

"Que Dios Te Bendiga"